Listas : Mis diez películas favoritas de 2015

diciembre 28, 2015

WHIPLASH POSTER

Os dejo con mi listado de las que considero han sido las mejores películas de este año 2015. Al menos de entre todas las que he visto -que no han sido pocas-, según mi criterio y mis gustos personales absolutamente subjetivos… sin ningún ánimo de sentar cátedra. Lo hago porque, como siempre dejo escrito por aquí, me divierte sentarme y pensar las películas que he visto. Es un ejercicio que me gusta hacer como director, y mucho más como espectador. El único requisito auto impuesto para aparecer en la lista: que las películas hayan sido estrenadas en salas comerciales o en VOD a lo largo del año en España. No cuento las que han sido proyectadas en festivales, eso sí -si lo hiciera mi película favorita del año sería la magistral The Witch, de Robert Eggers, que pude ver en la pasada edición del Festival de Sitges-. Así que vamos allá… El 2015 ha sido un buen año, en lo cinematográfico y en lo personal, por lo que no tengo mucha queja. Ojalá el 2016 se porte bien conmigo, con los míos y también con todos vosotros. ¡Un abrazo y feliz año nuevo!

VICTORIA

10. Victoria, de Sebastian Schipper. Se me ocurren muchas razones por las que esta joya alemana merece ocupar uno de los puestos de este ranking, pero la primera que me viene a la cabeza tiene nombre y apellidos: Laia Costa. Lo que hace aquí la actriz catalana -muy bien acompañada por Frederick Lau durante los 138 minutos de plano secuencia en los que se desarrolla este thriller es una auténtica barbaridad. Victoria es un carrusel de emociones -sin respiro- que el espectador experimenta en primera persona bajo la piel de sus actores protagonistas, transmitiendo un nivel de empatía y de suspense creciente muy difícil de conseguir. La película gana enteros y se disfruta en todo su esplendor en la oscuridad de una sala de cine, debido a la naturaleza de su propuesta, arriesgada e imperfecta. Vista en Renoir Plaza de España.

INSIDE OUT

9. Del revés (Inside out), de Pete Docter y Ronnie del Carmen. La película de animación del año viene de manos de -¡oh, sorpresa!- la factoría Pixar, con los que me reconcilio después de varios intentos fallidos de conectar con su magia. Absolutamente conmovedora, Inside out es una de esas películas que consigue remover cosas en el interior del espectador -haciendo así honor a su título-. Retrato fiel de lo que nos ronda por la cabeza durante la infancia, es imposible no identificarse con todas y cada unas de las emociones que personifican los personajes, y todo ello sin olvidar el humor -muy próximo al slapstick– y un sentido de la aventura apabullante. El universo descrito por Docter y Del Carmen está poblado de aciertos construidos en torno a uno de los mejores guiones del año. Peliculón. Vista en Renoir Retiro.

FUERZA MAYOR

8. Fuerza mayor (Force majeure), de Ruben Östlund. El director sueco pone en tela de juicio el ego masculino y el rol del hombre en la sociedad contemporánea, a través del retrato de una familia que disfruta de unas idílicas vacaciones en un complejo de esquí en los alpes franceses. Un suceso inesperado rompe el aparente equilibrio que parecía reinar en el seno familiar, lo que provoca una serie de reacciones en cadena que afectan de manera irreversible a la pareja protagonista y a su grupo de amigos. Dirección contenida y fría para un drama que navega entre la risa congelada y el discurso despiadado. Un ejemplo de brillantez: la escena en la que Kristofer Hivju y Johannes Kuhnke -inmensos ambos-, toman unas cervezas y “ligan” con unas chicas que se han propuesto tomarles el pelo. Es una pena que la película no lograse la merecida nominación al Oscar al mejor film extranjero -aunque gracias a este hecho, Östlund nos dejó este increíble documento audiovisual-. Vista en Golem Madrid.

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7. Nightcrawler, de Dan Gilroy. Me gusta definir esta película -no creo que sea el único lumbrera que lo haya pensado- como un cruce imposible entre American Psycho, Network, un mundo implacable y el Taxi Driver de Scorsese. La obsesión casi psicopática del protagonista -encarnado por un bestial y aterrador Jake Gyllenhall… ¡qué mirada!- por convertirse en el mejor reportero gráfico de la ciudad de Los Ángeles, le llevará a pelear por conseguir el sueño americano desde las cloacas, cueste lo que cueste. Lo más alucinante de la película es que el personaje de Gyllenhall no tiene arco dramático de ningún tipo. Es un personaje que no evoluciona y pese a ello consigue su objetivo de manera triunfal, en una secuencia final en la que nos damos de bruces con una realidad aterradora: en este mundo hay más Louis Bloom de los que nos imaginamos. Con una atmósfera de pesadilla, la película navega entre el drama, el thriller y el relato de suspense, consiguiendo un cóctel multigenérico que haría las delicias del Billy Friedkin de los 70. Vista en Renoir Plaza de España.

SICARIO

6. Sicario, de Denis Villeneuve. El director canadiense es uno de los cineastas actuales que más me inspiran e interesan -lo mejor de Polytechnique, Incendies, Enemy y Prisioneros es lo fascinantes y radicalmente distintas que son entre sí-. La filmografía de Villeneuve está tan repleta de aciertos como de propuestas distintas, cuyo nexo en común parece ser su obsesión por el lado oscuro del comportamiento humano. Sicario está estructurada en torno a cinco set pieces de acción/suspense rodadas con pulso maestro y ante las que el espectador asiste con asombro. El personaje que interpreta Emily Blunt -perfecta en su rol, como siempre- ocupa precisamente el lugar que encarnarían los espectadores ante la trama, reaccionando atónitos, como ella, ante los acontecimientos que se narran en la película. Las dudas morales y la falta de entendimiento del personaje de Blunt con respecto a los argumentos que defienden sus compañeros, son un espejo brutal de lo que está sucediendo hoy día a nuestro alrededor: realismo frente a idealismo y el eterno debate sobre si el fin justifica los medios. Guión sólido, actorazos, musicón de Johann Johannsson y un Roger Deakins que no queremos se jubile jamás.

LANGOSTA

5. Langosta (The lobster), de Yorgos Lanthimos. Los padres sobreprotectores de Canino, el largometraje con el que saltó a la fama internacional Lanthimos, lograban construir en los márgenes de una casa de campo un microuniverso que mantenía a sus hijos al margen de la realidad. Esta reclusión hacía que los adolescentes que habitaban la casa/búnker vivieran una línea temporal casi distópica que les provocaba la necesidad de revelarse ante sus represores progenitores. En Langosta, la nueva propuesta del director griego, los personajes parecen habitar el mismo universo que los adolescentes de Canino: su comportamiento naif e infantil es provocado por un sistema en el que la vida en pareja está regulada hasta extremos totalitarios. Rodada con una capacidad visual asombrosa, la película es una alegoría fantástica sobre la ausencia del amor y la obligación/necesidad de amar y ser amado. Es fascinante como Lanthimos muestra la opresión orwelliana con la forma en la que encuadra a los personajes, encerrándoles en el plano -de forma literal, a veces incluso les acota en el margen del cuadro-. Vista en Renoir Princesa.

MAD MAX FURY ROAD

4. Mad Max: Fury Road, de George Miller. Artesanía, espectáculo, épica, adrenalina, emoción, acción, guitarras de fuego, arena, humo, gasolina, valhala, sprays, sequía, coches, neumáticos, furia, rock and roll… el nuevo Mad Max es todo esto y mucho más. El blockbuster definitivo. Lo mejor que le ha podido pasar a la saga es que Miller haya cogido el toro por los cuernos y haya huído del croma y la tiranía de los efectos digitales, para regalarnos la cinta de acción con la mejor puesta en escena que hemos visto en años. Porque Mad Max es algo más que una persecución desdenfrenada de dos horas de duración, es también una reformulación del cine espectáculo, además de una hostia con la mano abierta al patriarcado, al fanatismo religioso, y porque no, a la derecha más rancia y casposa. Al igual que con Sicario, con esta película es fácil hacer comparaciones con lo que sucede hoy día a nuestro alrededor. Lo mejor: Charlize Theron como Imperator Furiosa, uno de los mejores roles femeninos del año. También siento debilidad por la partitura de Junkie XL, que es igual de arrolladora y potente que las imágenes que ilustra. Vista en Yelmo Cines Ideal.

EL AÑO MÁS VIOLENTO

3. A most violent year (El año más violento), de J. C. Chandor. La cámara de Bradford Young tiene mucho que ver en la descripción de este Nueva York de principios de los ochenta en el que J. C. Chandor narra una especie de fábula atemporal que, como muchas de las grandes películas del cine negro norteamericano, nos habla del golpe al sueño americano. Chandor ha dirigido una de esas películas que dejan poso sin que nos demos cuenta. Con un marcado estilo, y un clasicismo que huye de cualquier efectismo estético, el director se toma su tiempo para encontrar el ritmo de la película y contarnos las andanzas de Abel Morales, un latinoamericano que, tras mucho trabajo y esfuerzo, y sin recurrir a los contactos con la mafia que puede proporcionarle la familia de su mujer, consigue levantar un pequeño imperio: una empresa de distribución de gasolina. Una inesperada oleada de violencia y de atracos en la ciudad, y la presión que ejerce la influencia de su mujer, una Lady Macbeth encarnada con maestría por la siempre sensacional Jessica Chastain, harán que el personaje de Oscar Isaac -que no para de subir escalafones en el molómetro-, se vea tentado a elegir entre la honradez de la que siempre ha hecho patria, y el camino menos complicado, el de la corrupción. La película reflexiona sobre los mecanismos del poder, y sobre la dificultad de mantener la integridad moral cuando los intereses económicos se cruzan en nuestro camino. Y por si fuera poco, la película tiene una de las mejores secuencias de suspense de todo el año: la persecución en el metro de Oscar Isaac a uno de los atracadores. Vista en Renoir Plaza de España.

it follows film still

2. It follows, de David Robert Mitchell. Con reminiscencias a Pesadilla en Elm Street y a La noche de Halloween, Robert Mitchell consigue algo tan difícil como en apariencia imposible a estas alturas de la película: reinventar el género. It follows es un caramelo visual donde atmósfera, dirección, fotografía, diseño de producción, música, guión y casting van dados de la mano para conseguir la cinta de horror del año y, porque no, vengámonos arriba, una película de terror perfecta. It follows hace suya la estética de los años ochenta y la convierte en un subgénero en sí mismo, creando un universo atemporal donde los personajes se comportan -de forma consciente- como lo harían en las películas de Wes Craven o John Carpenter ya citadas como claras referencias. It follows da miedo. Y también consigue lo que las grandes cintas de terror logran, que se nos quede grabado en la retina un concepto. Si Spielberg hizo que temiéramos para siempre a los tiburones, y Hitchcock que mirásemos de reojo a través de la cortina de ducha, Robert Mitchell hace que temamos a la profundidad de campo, a la imagen de un desconocido caminando con la mirada perdida hacia nosotros. La dirección es soberbia, está llena de imágenes simbólicas y de recursos narrativos que potencian el terror -esas panorámicas de 360 grados- y la angustia del personaje interpretado por Maika Monroe. La música de Disasterpeace nos persigue y consigue trasladarnos a otro mundo, a un lugar donde los chavales leen a Dostoievski en ebooks con forma de concha mientras ven películas de serie B en el televisor. It follows es existencialismo adolescente, y retrata con maestría una edad en la que los chicos se sienten nostálgicos de una juventud que en realidad están lejos de perder. La película, lejos de transmitir un mensaje conservador, habla del sexo como un puente al mundo de los adultos: hacerse mayor es la verdadera maldición que les acecha. Vista en los cines Palafox, durante el festival Nocturna.

WHIPLASH

1. Whiplash, de David Chazelle. La película que más me ha gustado este año. Conecté con ella a lo bestia y tras el pase acabé con las uñas clavadas en el reposabrazos de la butaca, deseando volver a verla. Whiplash puede que tenga uno de los mejores clímax que hemos visto en años en un cine: el tercio final es una auténtica barbaridad, un duelo a muerte entre los personajes interpretados con maestría por Miles Teller y J. K. Simmons, demostrando por parte de Chazelle un control total del tempo -aquí la cosa va de tempo, al fin y al cabo-, el montaje y la puesta en escena. Whiplash es una dura reflexión sobre el sacrificio y las ansias no sólo de conseguir el éxito, sino de lograr el dominio absoluto de una materia, lograr ser el mejor, y los sacrificios personales -terrible la secuencia en la que rompe con su chica- y físicos -¡la secuencia del accidente!- que ello conlleva. El personaje de Miles Teller encuentra a su némesis en la figura de un feroz profesor de conservatorio, que hará todo lo posible por extraer de él su talento, superando los márgenes permitidos por la ética. Pocas veces una premisa tan poco atractiva ha dado para tanto, Whiplash tiene estructura y giros propios del thriller, alma de noir, y está rodada desde las vísceras, el sudor y los dedos ensangrentados de su personaje… Llevo todo el año cerrando el puño y gritando: “Not quite my tempo!”. Vista en Yelmo Cines Ideal -y en Blu Ray unas cuantas veces-.

star wars

*Primera mención especial: Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The force awakens), de J.J. Abrams. Me ha hecho vibrar de emoción y me ha puesto la carne de gallina en un par de momentos. Lo que Abrams no logró con Super 8 lo ha conseguido aquí con creces: hacernos sentir como niños ante una gran película de acción y aventuras. ¿Que la peli es un refrito de la trilogía original? Pues sí… pero todo funciona en una película que ejerce de visagra ante la trilogía original y lo que está por venir con Rian Johnson a los mandos -tiemblo de la emoción-. Lo mejor de la función: el personaje de Rey, la partitura de John Williams, la dirección de Abrams, el espíritu artesano, la vuelta de Lawrence Kasdan a la saga, el carisma inagotable de Han Solo y el villano interpretado por el gran Adam Driver. Lo que menos: el espíritu harrypotteriano de algunas secuencias -Rey enfrentándose a su pasado-, así como el personaje del nuevo emperador, con un diseño por ordenador que parece sacado de la segunda -y aburrida- trilogía de George Lucas. Vista en Yelmo Cines Ideal -aunque bien hubiera merecido un Kinépolis-.

sweet home

*Segunda mención especial: Sweet Home, de Rafa Martínez. Otro de los hits de terror de este año viene de manos del debutante Rafa Martínez y su demoledora Sweet Home, un trallazo visual que bebe tanto del slasher norteamericano, como del cine de John McTiernan, con La jungla de cristal como máximo referente. Un juego del gato y el ratón que no deja respiro al espectador y que tiene todo lo que los fans del género le pedimos a una peli de este tipo: diversión, ritmo, sangre, adrenalina, acción, humor macabro -fascinante ese prólogo, lo mejor de toda la película- y alguna que otra dosis de emotividad -la escena post-sexo entre Bruno Sevilla e Ingrid García Jonsson, imprescindibles en versión original, es fundamental para entender todo lo que sucede después-. Sweet Home, pese al evidente cóctel referencial, arriesga en la forma y ofrece un soplo de aire fresco al panorama fantástico español. A destacar también la fantástica y trepidante partitura de Ginés Carrión. Vista en la premiere de la película en Cinesa Proyecciones.

Beasts of No Nation

Otras películas de este año que también me han gustado: Ex machina, de Alex Garland; La canción del mar, de Tomm MooreThe Tribe, de Miroslav Slaboshpitsky; Goodnight Mommy, de Severin Fiala y Veronika Franz; The Walk, de Robert ZemeckisLa novia, de Paula Ortiz; El clan, de Pablo Trapero; Beasts of no Nation, de Cary Fukunaga; Irrational Man, de Woody Allen; Viaje a Sils Maria (Clouds of Sils Maria), de Oliver Assayas; Phoenix, de Christian Petzold; La visita (The visit), de M. Night Shyamalan; Requisitos para ser una persona normal, de Leticia Dolera; Blind, de Eskil Vogt; Amy, de Asif Kapadia; Mientras seamos jóvenes (While we’re young), de Noah Baumbach; Marte (The martian), de Ridley Scott; El mundo sigue, de Fernando Fernán Gomez (esta última en realidad es de 1965, pero como la han reestrenado este año, y es tan increíblemente buena, se ha ganado un hueco en la lista).

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Listas : Mis diez películas favoritas de 2013

diciembre 31, 2013

LA VIDA DE ADELE

Vuelvo a elaborar otro año más la lista de mis películas favoritas. Retomo una vez más esta absurda tradición que con el paso de los años parece seguir de moda y que a mí me hace inmensamente feliz. Me divierte echar la vista atrás y escoger lo mejor que he visto en el cine durante todo este año. En cierto modo, cada una de estas películas me remiten a un momento concreto, por lo que esta selección me ayuda también a rememorar acontecimientos y a hacer balance anual. Llevo unos días repasando listas de otros años y he descubierto varias constantes en todas ellas: la primera es que me siguen gustando la mayoría de las películas que he elegido, y eso que echo de menos grandes películas que no vi en el año de su estreno. También he descubierto que, por norma general, suelo obviar las películas estrenadas a principio de año, aunque algunas de ellas me entusiasmaran mucho en su momento. Imagino que por eso mismo hay bastantes ausencias de películas producidas en el año anterior al de la elaboración de la lista, películas que aquí suelen llegar en enero o febrero. En definitiva… el 2013 ha sido un año muy interesante, de mucho trabajo. Por fin terminamos No mires ahí, un cortometraje que me está dando grandes alegrías y del que he aprendido muchísimo. Cuando he elaborado esta lista años atrás me he atrevido a dar pistas sobre los proyectos en los que iba a volcar mi esfuerzo en el año venidero, pero esta vez voy a ser reservado, por aquello de “por la boca muere el pez”. Mi objetivo para este 2014 es disfrutar de la distribución del corto, rematar el proyecto de largo en el que ando ahora mismo, escribir y seguir buscando. Tengo la sensación de que el 2014 va a ser un gran año para buenos amigos que tienen proyectos en marcha o inminentes, me apetece mucho disfrutar de eso también. Debido a las circunstancias en las que nos encontramos, he llegado a un punto de empatía con mis compañeros de generación en el que sus alegrías, son las mías. En lo personal, acabo de cumplir treinta años… ¡se acabo aquello de “joven promesa”! En realidad todo me va bastante bien, no me puedo quejar, la verdad. Soy afortunado. ¡Feliz año para todos vosotros! Salud y buen cine.

THE MASTER

10. The master, de Paul Thomas Anderson. Anderson ya ha demostrado con crees que es uno de los mejores directores de su generación. Siempre ha tenido a la crítica en el bolsillo y lejos de relajarse, parece arriesgar cada vez más a la hora de enfrentarse a nuevos trabajos. The master lo tiene todo: un casting impresionante y unas interpretaciones que dejan sin aliento (ese cara a cara entre Hoffman y Phoenix en el barco); una puesta en escena apabullante que abandona por una vez las cabriolas visuales que dominan el cine de su director y que tanto nos gustan; un arriesgado uso del 65mm en formato 1.85:1; un sentido de la composición y del encuadre casi kubrickiano; y por último, lo más importante, una abrumadora historia que nos narra la simbiosis de un personaje con un universo extraño y en el que se empeña en pertenecer pese a serle terriblemente ajeno.

BEFORE MIDNIGHT

9. Before midnight (Antes del anochecer), de Richard Linklater. Nueve años después de la anterior entrega de las aventuras amorosas de Jessie y Celine, por fin conocemos la conclusión de una historia que ha marcado a diversas generaciones de espectadores. Esta tercera parte, más madura, menos pasional y carente de sorpresas, nos muestra a una pareja en crisis y necesitada de anhelos pasados. Los diálogos desprenden verdad pura (la secuencia de la habitación es un prodigio de guión y dirección de actores) y Linklater consigue algo realmente difícil: que no queramos que acabe nunca la película. Ni la película… ni la saga, ¡queremos una cuarta parte!

THE WORLDS END

8. The World’s End (Bienvenidos al fin del mundo), de Edgar Wright. La nueva entrega de la llamada trilogía “Cornetto” es, para el que esto escribe, la mejor de las tres partes. De hecho, la última película de Edgar Wright funciona como una síntesis perfecta de los filmes anteriores del director, incluido Scott Pilgrim vs The World (el sentido de la espectacularidad de su penúltima obra se ve reflejado en las coreografías y las secuencias de acción). Aquí encontraremos una primera hora magnífica, grandes dosis de humor británico, nostalgia de los años noventa, giros a la ciencia ficción marca de la casa y muchas, muchas pintas de cerveza. No se puede pedir más.

Tom Hanks

7. Captain Phillips (Capitán Phillips), de Paul Greengrass. El director escocés alcanza el zenit de toda una serie de constantes que lleva aplicando durante años a su cine: el montaje desquiciado, la estructura atípica, la perfección de la puesta en escena a través de la cámara al hombro, la iluminación realista, la claustrofobia del espacio reducido, el héroe normal y corriente que se ve inmerso en una situación límite… La película navega a medio camino entre el thriller, la cinta de acción y la de aventuras; y Tom Hanks vuelve a estar, mal que le pese a muchos, enorme (como siempre).

DESPUÉS DE LUCÍA

6. Después de Lucía, de Michel Franco. Película pequeña  e inédita en nuestro país que se alzó con el premio a la mejor película en la pasada edición del Atlántida Film Fest, Después de Lucía es el viaje a los infiernos de una adolescente que tras un trance familiar bastante traumático, se muda a otra ciudad junto a su padre y se matricula en el instituto con el objetivo de pasar página y comenzar una nueva vida. Tuve la suerte de enfrentarme a la película sin tener idea alguna de su sinopsis, por lo que no desvelaré el argumento más allá de la premisa. Eso sí, aviso a navegantes: la dureza de sus imágenes no es apta para todo el mundo.

THE HUNT

5. Jagten (La caza), de Thomas Vinterberg. Al igual que en Perros de paja o La jauría humana, La caza pertenece a ese tipo de películas en las que una pequeña comunidad se cree en el derecho de ajusticiar a un individuo, pese a que la culpabilidad del mismo con respecto a un grave delito esté en entredicho. La sombra de la duda es suficiente para llevar a cabo la tesis terrorífica que plantea la película: nuestra estabilidad social pende de un hilo y en cualquier momento, en cuestión de segundos, todo se puede ir a la mierda. El premio a la mejor interpretación masculina del año para mi se lo lleva Mads Mikkelsen. Está enorme. SPOILERS Imagino que será casual, pero la película tiene el mismo final que otra de mis cintas favoritas del año pasado, Martha Marcy May Marlene.

MUD

4. Mud, de Jeff Nichols. Heredera del poderío visual de la magistral, y ya de culto, Take Shelter, en su tercera película Nichols se consolida como retratista de la América sureña: el imaginario de las novelas de Mark Twain y el Dickens de Grandes esperanzas pululan en la atmósfera de la película, contaminada por la melancolía y la negritud de unos personajes adultos que contrastan con la pureza de los adolescentes protagonistas. Me fascina la secuencia en la que aparece por primera vez el personaje misterioso que encarna Matthew McConaughey (¡ese acento merece una nominación al Oscar!).

GRAVITY

3. Gravity, de Alfonso Cuarón. Hay películas que marcan un antes y un después y Gravity, a falta de la perspectiva necesaria, parece apuntar a convertirse en una de ellas. La capacidad de Cuarón para usar en esta aventura espacial los más increíbles adelantos técnicos y visuales, hace de la proyección en 3D un viaje único para el espectador, que con esta experiencia logra estar más cerca de las estrellas de lo que nunca había imaginado. El plano secuencia inicial es hipnótico, la integración de los efectos deja sin aliento y pese a que a medida que avanza la trama esta se vuelve más convencional, el poso del riesgo permanece y Cuarón crea uno de los más grandes blockbuster de autor que hemos visto en mucho tiempo. Atención a las metáforas visuales que inundan la película, algunas de ellas de grandísima belleza (mi plano favorito es el momento en el que el personaje de Sandra Bullock entra en la nave Soyuz y se desprende del traje).

THE CONJURING

2. The conjuring (Expediente Warren), de James Wan. Tuve la suerte de ver The conjuring en primicia mundial durante la clausura de la primera edición del festival Nocturna y, tras la proyección, todos los allí presentes nos sentimos privilegiados por haber asistido al estreno de una de las mejores películas de terror de los últimos años. Hacía tiempo que los fans del género no nos poníamos de acuerdo a la hora de elegir nuestra favorita y es que la cinta de James Wan cae en gracia por ser un compendio de lo mejor de cada subgénero (posesiones, casas encantadas, exorcismos, terror clásico, etc.), y consigue, milagrosamente, que semejante popurrí resulte coherente y, sobre todo, realmente terrorífico. Wan dirige la función de forma apabullante, dotando a la película de un sentido visual y del espectáculo que genera en el espectador la sensación de ir montado en el tren de la bruja. La película es un diez y, seguro, será considerada una obra maestra dentro de unos años.

LA VIDA DE ADELE 2

1. La vie d’Adèle (La vida de Adèle), de Abdellatif Kechiche. Mi favorita del año. Recuerdo haber entrado en la sala con algunas reticencias, pero la película me atrapó desde el momento en el que la adolescente de ojos gigantescos y llanto fácil comienza a comer espaguetis con la boca abierta. Tras la proyección, Adèle estuvo dando vueltas en mi cabeza durante mas de una semana y es que es imposible olvidarse del personaje que interpreta Adèle Exarchopoulos: la suya es la interpretación más real que he visto en muchísimo tiempo. Es difícil no enamorarse de ella y sentirse identificado por un personaje tan pasional que descubre en este fragmento de su vida, el amor y el desamor en sus diferentes etapas. En realidad, se trata de una historia que ya hemos visto muchas veces, pero la dirección de Kechiche hace que las secuencias entre las dos chicas (espectacular también Léa Seydoux) sean tan verdaderas, que nos sentimos espías de su intimidad, no sólo durante las largas secuencias de sexo, sino también durante la mayoría de sus conversaciones. La película es tremendamente visual, la palabra está reservada para las confesiones arrebatadas, es la imagen la que nos cuenta que sentimientos dominan a los personajes. Sobre la polémica de las secuencias de sexo… ¿era necesario que fueran tan explícitas? Desde mi punto de vista, sí. Sería un sinsentido que nos nos mostrasen de forma cruda y sin censura el momento más íntimo de una pareja cuando hemos visto a los personajes desnudarse emocionalmente. El uso del color azul, de la puesta en escena y la fotografía (sutil, con dominancia de ópticas zoom siempre sometidas a la dirección de actores y a no interrumpir la magia del momento), la luz, el vestuario de los personajes… todo funciona en perfecta armonía. Vayan al cine a verla si están a tiempo… ¡y feliz 2014!

DOS AMIGOS

MENCIONES ESPECIALES: Dos amigos, de Polo Menárguez (por la construcción de una poderosa radiografía de la amistad y las interpretaciones de dos actores en estado de gracia, Jorge Monje y Font García); Prisoners (Prisioneros), de Denis Villeneuve (porque pese a que la sombra de Memories of murder es alargada, se trata de un thriller casi perfecto, potentísimo, con grandes interpretaciones y un Roger Deakins que demuestra seguir siendo Dios); Perfect sense, de David Mackenzie (por la fuerza de su historia de amor surgida en pleno apogeo apocalíptico); Nymphomaniac Volumen 1, de Lars Von Trier (porque es tan desconcertante que muero de ganas de ver la segunda parte y porque nos descubre a Stacy Martin); Django unchained (Django desencadenado), de Quentin Tarantino (por llevar a Tarantino de una vez por todas al western, el género del que nacen la mayoría de sus historias); Beasts of the southern wild (Besitas del sur salvaje), de Benh Zeitlin (por componer un relato de escapismo fantástico mediante un imaginario visual inédito y poco común); Evil Dead (Posesión infernal), de Fede Álvarez (por reconstruir un clásico con respeto al original, a través de un planteamiento contemporáneo potentísimo y por la partitura de Roque Baños, una de las mejores del año); Io e te (Tú y yo), de Bernardo Bertolucci (por la demostración de que Bertolucci, pese a tener setenta años, se reafirma como uno de los mayores especialistas en mostrarnos la complejidad de la adolescencia); About time (Una cuestión de tiempo), de Richard Curtis (por ser la comedia romántica del año y por tener una primera hora fantástica, sorprendente y mágica); Magic Magic, de Sebastián Silva (por la brutal interpretación de Juno Temple, merecedora de ese premio a la mejor actriz en Sitges); Los ilusos, de Jonás Trueba (por recuperar el espíritu independiente y generacional que ya apuntaban los anteriores trabajos del director); The Returned (Retornados); de Manuel Carballo (por reinventar con originalidad, brillantez y riesgo la figura del zombie en tiempos de desgaste para el subgénero); Grand Piano, de Eugenio Mira (por sus excesos visuales, en la línea del mejor Brian de Palma y por demostrar que aquí se puede hacer cine de género, comercial y de calidad);  Ilusión, de Daniel Castro (por ser una magnífica y divertidísima parodia de la aventura que supone dedicarse a hacer cine en España); La migliore offerta (La mejor oferta), de Giuseppe Tornatore (por recuperar al Tornatore más grandilocuente y ambicioso y por la orquestación de un final magnífico y sorprendente); The way way back (El camino de vuelta), de Nat Faxon y Jim Rash (por contarnos la conmovedora historia  de un adolescente looser  en el verano de su vida y porque con ese argumento ya me tienen ganado); La grande bellezza (La gran belleza), de Paolo Sorrentino (por la indudable belleza de sus imágenes y la construcción de un retrato arquitectónico y cultural de una Roma melancólica, pese a cierto regustillo pedante).