Listas : Mis diez películas favoritas de 2014

diciembre 29, 2014

UNDER THE SKIN2

Un año más, me aventuro en la tarea de elaborar una de esas dichosas listas de lo mejor del año, como si no hubiese ya suficientes rankings en vuestros muros, cada vez más específicos, minuciosos y entrañables: “las diez mejores películas no estrenadas en nuestro país”, “los diez mejores libros checoslovacos no traducidos”, “los diez mejores grupos indies que jamás tocarán aquí, ni tienen ganas de hacerlo”… En fin, yo sigo fiel a mi listado de las diez mejores películas del año, las diez mejores desde mi punto de vista, único, personal e intransferible (y probablemente, equivocado). Como ya he repetido por aquí en alguna que otra ocasión, hacer esta lista es ya una tradición para un servidor. Todas las Navidades, entre polvorón y polvorón, me obligo a sentarme a escribirla. También me sirve para hacer un análisis de mis gustos cinematográficos, de lo que he visto ese año, donde lo he visto, cómo lo he visto y qué me ha influenciado más. De vez en cuando me gusta echar la vista atrás y ver que no he vuelto a ver muchas de las pelis que he puesto en los rankings y sin embargo, adoro y venero muchas otras que he dejado fuera injustamente. Cada año intento ser más valiente y objetivo, pero es muy difícil no dejarse llevar por la falta de perspectiva. Los clásicos del mañana difícilmente serán los de hoy, como alguien dijo una vez. Otra de las cosas que me gusta hacer cuando me siento a escribir este ranking, es hacer un balance de lo acontecido a nivel personal durante el año (sin contar muchos rollos, que no es plan). Como ya hice algo similar en el post que escribí hace unas semanas sobre las 100 selecciones de No mires ahí (y que podéis volver a leer aquí), este año me ceñiré a decir que me gustaría que el 2015 fuese un poco mejor que el 2014, que ha hacia el final ha sido algo puñetero en algunos aspectos (he dicho puñetero, no catastrófico, así que no se me asusten). ¿Propósitos para el 2015? Terminar el guión de largometraje que ando co-escribiendo desde hace año y medio (en muy buena compañía), afrontar otro en el que tengo depositadas muchas esperanzas, y rodar, si los astros se alinean, Ella y la oscuridad, el proyecto de corto que he escrito junto a Rubin Stein. Y como siempre deseo desde aquí, ojalá todos los proyectos de mis amigos (algunos de ellos a puntito de caramelo) tengan el éxito que se merecen y su esfuerzo se vea recompensado. También me gustaría volver a conducir, leer más, mejorar mi inglés, cenar menos, hacer deporte, dejarme barba otra vez, comprar más vinilos, ir a Nueva York, ahorrar (algo incompatible con el propósito anterior), hacerme un retrato molón, desengancharme de Internet… Pero bueno, esa es otra historia. ¡Feliz año 2015 a todos!

NEBRASKA

10. Nebraska, de Alexander Payne. Para empezar, un motivo de peso: tiene la mejor banda sonora del año. La música de Mark Orton (con la ayuda de Tin Hat) sirve de complemento a Payne para describir los lugares de una América más rural y oculta, con la ayuda de un glorioso blanco y negro y las interpretaciones grandiosas de un casting de rostros desconocidos (y conocidos, Bruce Dern realiza aquí un papel extraordinario). Nebraska, al igual que lo era Una historia verdadera de David Lynch, es la película perfecta para ilustrar el viaje del héroe… de la tercera edad. Una película con la que es imposible no sentirnos identificados, tierna, divertida y también mordaz. Bella en la puesta en escena y terriblemente bien escrita. Este es el Payne que nos gusta (que me gusta al menos a mi). Vista en Renoir Princesa.

10000km

9. 10.000 Km, de Carlos Marquet-Marcet. Una de las mejores películas españolas del año y estandarte de un nuevo cine indie nacional, que no entiende de fronteras y sí sabe, y mucho, de largas distancias. Producida a medio camino entre Barcelona y Los Ángeles, el debut de Marquet-Marcet es un cine espejo de nuestro tiempo, el equivalente más cercano a un episodio de Black Mirror, en el contexto del aquí y el ahora. La ciencia ficción es ya una realidad que permite las relaciones a distancia, pero es una realidad insuficiente para la supervivencia de una pareja (fantásticamente interpretada y dirigida) a la que no le basta con sentir amor. Una película dura y muy viva que esperamos tenga el reconocimiento que se merece en la próxima edición de los Premios Goya (fuera de España, eso sí, se está hinchando a cosechar premios y buenas críticas). Vista en Renoir Retiro.

Jiro and paper airplane_out

8. El viento se levanta (Kaze tachinu), de Hayao Miyazaki. No sé si es porque no soy un gran conocedor del universo Miyazaki (habré visto tan sólo dos o tres obras de su filmografía), pero ésta, al parecer su película más realista, me ha parecido fascinante. Estamos ante una película muy valiente, en la que el personaje protagonista toma decisiones complejas y sacrifica su relación y su estabilidad emocional por un sentido de la responsabilidad extremo hacia su profesión y las circunstancias sociales de la época. Fuertemente criticado, Miyazaki se muestra objetivo con su personaje y dibuja una historia de amor desgarradora y triste, con varios momentos inolvidables y de una sensibilidad extrema que demuestran que la animación japonesa sigue en plena forma. Vista en Cines Verdi.

INSIDE LLEWYN DAVIS

7. Inside Llewyn Davis, de Joel y Ethan Coen. El primer adjetivo que me viene a la cabeza a la hora de hablar de la última maravilla de los Hermanos Coen (muy en boca de todos estos últimos meses por Fargo, serie que aun no he podido ver) es “extrañeza”. Esta es una película muy extraña, con una estructura algo marciana y poco habitual. La macro-secuencia de la road movie que domina el segundo acto cambia de forma radical el tono de la película y nos destapa las miserias que padece el personaje de Llewyn Davis, conduciéndonos a un bucle pesadillesco (el gato en la oscura carretera y el propio Llewyn Davis apaleado en el callejón). Cine, música (y qué música, la banda sonora tiene temazos como el Fare Thee Well de Oscar Isaac) y perdedores, una combinación perfecta en mano de unos Coen que cada vez dirigen y escriben mejor. Vista en Renoir Retiro.

ONLY LOVERS LEFT ALIVE

6. Sólo los amantes sobreviven (Only lovers left alive), de Jim Jarmusch. Si hace unos años nos dicen que Jarmusch se iba a aventurar con una de chupasangres, nos hubiese costado creerlo. Al igual que otros directores como Tony Scott o Abel Ferrara, Jarmusch afronta la temática vampírica desde un puto de vista profundamente personal y contemporáneo, trasladando el universo de los bebedores de sangre a su inconfundible terreno. Jarmush construye una historia de amor inmortal, por encima del tiempo, en la que la música y la literatura son el verdadero alimento para sobrellevar el tedio del paso de los años, durante los cuales los personajes luchan por no convertirse en zombies (así llama Tom Hiddleston a los humanos) y no dejarse arrastrar por la decadencia de los tiempos modernos (muy bien representados por esas fascinantes calles abandonas de Detroit). Vista en Filmin en el salón de mi casa.

MAGICAL GIRL

5. Magical girl, de Carlos Vermut. El hype del año tiene nombre: Carlos Vermut. Si ya sorprendió a propios y extraños hace unos años con Diamond Flash (película que tuve la suerte de ver en su estreno reducido en los cines Golem de Madrid), Vermut ha alcanzado con su segunda película la consagración definitiva como enfant terrible del cine español. Gran triunfadora del Festival de Cine de San Sebastián y película favorita de muchos cinéfilos con ganas de ver algo distinto, Magical Girl es una obra muy poderosa, con un poder visual arrebatador y un personaje, el interpretado por Bárbara Lennie, que parece destinado a pasar a la historia del cine de culto, del mismo modo que lo hizo el interpretado por Will More en Arrebato, de Iván Zulueta. Perturbadora, absurda, oscura, cañí, cómica y muy valiente, Magical Girl es una película única que no deja indiferente y que permite perderse en su laberíntico juego de significados, donde la forma y el misterio cobran más importancia que la trama, que está dibujada en un par de brochazos. Vermut juega con el espectador y le obliga a buscar las piezas que faltan en un puzzle fascinante que admite múltiples lecturas. Vista en Renoir Retiro.

ENEMY

4. Enemy, de Denis Villeneuve. Y hablando de puzzles, el formado por Denis Villeneuve en Enemy es uno de esos de 3.000 piezas que intentabas hacer cuando eras pequeño, sabiendo que tu madre había aspirado sin piedad alguna que otra pieza. Una de esas películas tras cuyo visionado cuesta muchísimo no ir directamente a Google para intentar buscar significados y explicaciones. Mi chica y yo nos volvimos locos después de verla y recuerdo llegar a muchas conclusiones interesantes antes de tirar de teorías descerebradas. También recuerdo que fue clave una conversación que tuve con mi amigo Polo Menárguez, tras la cual tuve bastante clara mi visión de la película. Y es que Enemy no es una película fácil, pero tampoco un disparate sin fundamento: tras la potente puesta en escena, dirección de fotografía y la mastodóntica interpretación de un Jake Gyllenhall (¡muero de ganas de ver Nightcrawler!) cada vez más en forma, se esconde una potente reflexión sobre las relaciones de pareja, sobre lo que no somos y queremos ser, sobre la dominación, el miedo al compromiso y los deseos reprimidos. Sí, también hay arañas y voces en off que le ponen a uno el cerebro del revés, pero si la piensas mucho, todo acaba cobrando sentido… Más o menos. Fascinante, al fin y al cabo.

The Wolf of Wall Street

3. El lobo de Wall Street (The wolf of Wall Street), de Martin Scorsese. Esta película es Scorsese en estado puro, ¿hace falta esgrimir algún argumento más? Lo cierto es que hay muchos más: un auténtico carrusel de ingenio salvaje, energía y adrenalina, con un antihéroe, Jordan Berlfort, que representa todos los vicios y virtudes del siglo que nos ha tocado vivir. El genio de Queens vuelve a rodar con la fuerza que tenía en los 70, apoyado en el texto de Terence Winter, con una de las mejores adaptaciones literarias de los últimos años. Lo mejor de todo es que hay lugar para la carcajada y para la reflexión, con secuencias memorables y realmente míticas (la secuencia de los ludes, la visita del agente del FBI al barco de Jordan, las fiestas, la secuencia con la mujer de Jordan en el dormitorio de los niños, o aquella en la que el protagonista muestra cómo se vende un lápiz…). Leonardo DiCaprio, vamos a decirlo de una vez, realiza aquí la mejor interpretación de su carrera, secundado por un Jonah Hill con un papel a medida y merecedor de todos los premios habidos y por haber. Atención a la secuencia final en el metro y al epílogo, capaz de borrarle la sonrisa a cualquiera de nosotros de un plumazo. Vista en Cines Verdi.

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2. Boyhood, de Richard Linklater. En contadas ocasiones salimos del cine sabiendo que dentro de muchos años recordaremos cuando y con quien fuimos a ver una película, qué sentimos con exactitud al salir de la sala, qué cenamos esa noche o cuántas cañas tomamos. Tras ver Boyhood, rápidamente tomé conciencia de estar ante uno de esos momentos en los que acabas de grabar una muesca en tu memoria, al igual que el personaje de Mason, reflexivo y algo colocado frente a un acantilado al final de la película: ese instante en el que ir al cine, un acto aparentemente banal, se ha convertido en un capítulo fundamental en tu vida. Boyhood, más allá de la anecdótica peripecia que supuso su rodaje, es un monumento a la memoria, a los recuerdos aleatorios y caprichosos que determinan nuestra existencia. Linklater, al igual que hizo en su estupenda trilogía del amor, es capaz de fabricar con una naturalidad apabullante la idea de momento capturado, como un instante mágico envuelto en ámbar, algo que Terrence Malick intentó sin éxito en la desmesurada El árbol de la vida. Boyhood es una película muy ambiciosa, envuelta en un marco de honestidad, que huye de los momentos pomposos y recargados en la puesta en escena, siendo consciente de que lo efímero y superficial, junto a aquellos momentos más obviamente importantes, pueden definir nuestras vidas para siempre. Obra maestra. Vista en Renoir Retiro (con posterior cañeo y cena en el Restaurante Sienna de la Calle Ibiza). 

UNDER THE SKIN

1. Under the skin, de Jonathan Glazer. La película que más me ha gustado de 2014 no se ha estrenado en España, ni siquiera en VOD, lo que me entristece mucho. Pese a su pase en el Festival de Cine de Sitges y a las fantásticas críticas recibidas, la última película del inclasificable maestro Jonathan Glazer (es momento de revisar, si no las has visto, Birth y Sexy Beast) sigue inédita en nuestro país. Ni siquiera la filtración de las secuencias en las que Scarlett Johansson aparece desnuda han sido suficiente reclamo para que encuentre su hueco en las salas españolas. En fin, imagino que el principal motivo por el que ningún distribuidor se ha atrevido a comprarla es porque Under the skin es una película extraterrestre (marciana es decir poco) que parece haber sido dirigida por un extraterrestre. La película es un ejercicio formal sin precedentes, que posee un sentido del riesgo llevado al extremo. A Glazer no le hace falta provocar para rodar una película compleja y a la vez tremendamente sencilla. El planteamiento, que en poco se diferencia al de una película como Species, le sirve a Glazer para hacer una radiografía de las maldades humanas, dejando un pequeño hueco para la bondad y otro para la reflexión sobre el papel de la mujer como objeto de deseo. La música de Mica Levi, una de las mejores scores del año, martillea nuestro cerebro y subraya la catarsis final, una de las más bellas y oscuras a las que he asistido en mucho tiempo. Las secuencias en la sala oscura son hipnóticas, de un onirismo arrebatador. Y la interpretación de Johansson es brillante, la mejor de su carrera y un punto a favor para la actriz a la hora de aventurarse en proyectos arriesgados y alejados del mainstream imperante. Magistral y fascinante, Under the skin es una auténtica joya, un verdadero milagro. Vista en Blu Ray de importación en el salón de mi casa. 

SIMON KILLER 2

Mención especial: Simon Killer, de Antonio Campos. La película, estrenada el año pasado en Estados Unidos, tampoco ha sido proyectada en salas en España. Su paso por algún que otro festival español hizo el suficiente ruido para que intentara buscarla, además del hecho de estar producida por BorderLine Films, responsables de mi adorada Martha Marcy May Marlene. La película es un thriller ambientado en París, que narra la historia de un estudiante de oftalmología que como reconocimiento por haber finalizado sus estudios, es recompensado por sus padres con un viaje por Europa antes de comenzar su carrera profesional. Con el recuerdo latente de la ruptura con su novia muy presente, el personaje interpretado por Brady Corbet (que también firma el argumento de la película) se enamora de una prostituta, hecho que le conducirá a un abismo de engaños y malas decisiones. La película, de un realismo crudo sorprendente, está rodada con gran sencillez, dando gran importancia al texto y a las interpretaciones, pero con un gran sentido del encuadre y la puesta en escena, con la predominancia del plano-secuencia. Otra joya oculta y muy desconocida que bien merece una edición en Blu Ray o DVD en España. Vista en salón de mi casa descargada de Internet (mal que me pese).

THE END OF TOMORROW

Otras películas destacadas de 2014: Me ha gustado especialmente, pese a su terrible epílogo, Al filo del mañana (Edge of tomorrow), de Doug Liman; también me han encantado las siguientes… Loreak, de Jon Garaño y Jose Mari Goenaga; Todos tus secretos, de Manuel BartualJoven y bonita (Jeune & jolie), de François Ozon; Las vidas de Grace (Short term 12), de Destin Daniel Cretton; Locke, de Steven Knight; La isla mínima, de Alberto Rodríguez; Relatos salvajes, de Damián Szifrón; Coherence, de James Ward Byrkit; Orígenes (I origins), de Mike Cahill; Interstellar, de Christopher Nolan; Magia a la luz de la luna (Magic in the moonlight), de Woody Allen; Musarañas, de Juanfer Andrés y Esteban Roel; The Raid 2: Berandal, de Gareth EvansEl gran Hotel Budapest (The Grand Budapest hotel), de Wes Anderson.

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Listas : Mis diez películas favoritas de 2012

diciembre 31, 2012

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Aquí estoy un año más. Otro año en el que no podía faltar a mi cita con mi lista de las diez mejores películas del año… Una de esas listas que tanto están de moda y que llevo haciendo… ¡desde hace casi diez años! La verdad es que la principal razón por la que hago esto es que me divierten las listas, el echar la vista atrás al año cinematográfico y repensar las películas vistas, revisar entre las que dudo y apreciar todavía más aquellas secuencias, planos o diálogos que me volvieron loco. A veces leo las listas de otros años y descubro que he incluido películas que no he vuelto a ver o que ni siquiera me gustan ahora… pero esa es la gracia de todo esto, reflejar de algún modo la evolución de tus gustos o tu criterio como espectador. Es reconfortante que cada año me siga costando hacer este ranking, lo que significa que se sigue haciendo muy buen cine (pese a que algunos rancios se empeñen en decir lo contrario). En esta ocasión he dudado entre casi veinte títulos. Por otro lado, me gusta escribir este post al final del año para volver a hacer balance de los proyectos en los que he estado involucrado. El 2012 ha sido el año del rodaje de No mires ahí, pero también ha sido el año en el que un parón laboral de seis meses me ha permitido centrarme en otros proyectos, como los guiones que estoy escribiendo junto con Suda Sánchez y Ángel Agudo. Con el trabajo en la serie cada vez me es más difícil encontrar hueco para trabajar en ellos, pero habrá que esperar el tiempo que sea necesario para sacarlos adelante. Tengo muchas esperanzas puestas en el 2013 y espero que justo dentro de un año, cuando esté sentado delante del ordenador y relea estas palabras, sienta que se han cumplido mis expectativas. ¡Muchísima suerte a todos para este 2013! Aquí os dejo con mi lista. Como siempre, está elaborada en base a mis gustos personales y a los títulos que he podido ver y que han sido estrenados oficialmente en España.

Chronicle

10. Chronicle, de Josh Trank. Cuando parecía que el subgénero del found footage estaba más que agotado, Chronicle consiguió dar una vuelta de tuerca a este formato cada vez más explotado por el cine de terror. El hecho de que uno de los personajes se convierta en narrador mediante la manipulación mental de la cámara a través de la que filma lo que le sucede, lleva el subjetivismo y el tratamiento focal del personaje a un nivel por encima al de muchas otras películas que usan este pretexto, más como moda, que como herramienta narrativa. Hacía tiempo que no veía una idea de guión tan bien integrada en la puesta en escena de una película. Chronicle supone además una novedosa lectura sobre el descubrimiento y el proceso de transformación de un superhéroe, esta vez en clave adolescente.

Cabin in the woods

9. Cabin in the woods (La cabaña en el bosque), de Drew Goddard. Gran triunfadora entre el público asistente a la pasada edición del festival de Sitges y película de culto antes de su estreno, el debut en la dirección del guionista de Perdidos y Monstruoso tuvo que conformarse con aterrizar directamente en DVD en nuestras fronteras. La película, desde su mordaz inicio hasta el descubrimiento de la sorpresa escondida en su trama, se presenta como una reinvención del slasher canónico, del mismo modo que Evil Dead revolucionó el subgénero en los años 80 o Scream en los 90. Un verdadero festival para los fans del género.

Blancanieves

8Blancanieves, de Pablo Berger. La mejor película española del año viene de la mano de un cineasta incansable, Pablo Berger, siempre alejado de modas pasajeras y paciente a la hora de levantar sus proyectos. Tristemente influenciada en su recepción crítica por The artist, la película nada tiene que ver con la cinta que triunfó el año pasado en los Oscar, más allá de la ausencia de diálogos y el blanco y negro, del mismo modo que poco tenían que ver entre sí, por ejemplo, las películas mudas de Murnau con las de Griffith. Ver Blancanieves es sumergirnos en el universo mágico de los cuentos de hadas, visto a través de la España de los años veinte, un lugar donde los toros se encuentran con la fantasía y la España oculta de Cristina García Rodero.

Ruby Sparks

7. Ruby Sparks, de Jonathan Dayton y Valerie Faris. Segunda película del tandem responsable de la fantástica Pequeña Miss SunshineRuby Sparks es una propuesta original y sorprendente que indaga en los mecanismos de la metaficción. Más allá de una fábula indie sobre la creación literaria, la inspiración, las musas y el poder de la imaginación, la película escarba en la idea de la relación de pareja como ficción en la que se asumen los roles de creador y personaje. El guión, escrito por Zoe Kazan (que interpreta a la propia Ruby Sparks), es un catálogo de giros brillantes y personajes redondos que encajaría a la perfección en una loquísima sesión doble junto a (la poco valorada) Más extraño que la ficción.

Blue Valentine

6. Blue Valentine, de Derek Cianfrance (aquí hago trampa, porque la película es de 2010 y se estrenará aquí en Enero de 2013, pero la incluyo porque se ha dado a conocer durante este año gracias al éxito cosechado por Ryan Gosling con Drive). Estamos ante una de las mejores películas sobre relaciones de pareja de los últimos años. Una de esas pelis cuyo visionado en compañía de la persona con quien sales puede ser una experiencia reveladora o catastrófica, según se mire (eso sí, prohibido para verla en tu primera cita). Blue Valentine hace que el espectador se replantee el lugar donde se encuentra: ya sea cerca del idealizado y pasional inicio de una relación, o bien más próximo al desolador fracaso de unos personajes a los que el tiempo y las responsabilidades de la vida adulta han conseguido transformar. Una habitación de hotel con decoración azulada y hortera sirve de máquina del tiempo para el director, en una película donde sus intérpretes principales están al borde de la perfección absoluta. ¿Cómo ves tú el vaso de Blue Valentine, medio lleno o medio vacío?

Moonrise Kingdom

5. Moonrise Kingdom, de Wes Anderson. La última película de Anderson es una oda al primer amor, a la aventura infantil, a los prismáticos, los mapas y las brújulas, a los boy scouts, las maletas amarillas y a Bill Murray. Una película visualmente perfecta, entrañable, tierna, pero para nada ingenua o facilona, con un casting brillante y un sentido del color y la puesta en escena arrollador. Es fácil conectar con estos dos niños porque alguna vez nos hemos sentido como Sam o Suzy, necesitados de huir del mundo real para vivir una aventura imposible. Anderson continúa fiel a su universo y sus seguidores le seguimos recibiendo con los brazos abiertos.

Looper

4. Looper, de Rian Johnson. La película de ciencia ficción perfecta. El guionista y director de Looper deja a un lado el manual de física y se centra en ofrecernos unos personajes rotundos y perfectamente dibujados. La trama del filme es la bomba y los giros, inesperados. La estructura de la película hace que el espectador retuerza su cerebro, pero no olvida el sentido del espectáculo, careciendo de la pirotécnica digital que abunda en este tipo de proyectos. Looper tiene algunos momentos difíciles de olvidar, como la secuencia de montaje en la que vemos la línea de tiempo del Joe que viene del futuro, y otros más pequeños y escondidos, como el cigarrillo imaginario que fuma Emily Blunt, por no hablar del maravilloso duelo interpretativo que mantienen los geniales Bruce Willis y un maquillado e irreconocible Joseph Gordon-Levitt.

Martha Marcy May Marlene

3. Martha Marcy May Marlene, de Sean Arkin. Uno de los films más fascinantes del año. Una propuesta fría, sobria, mínima y delicada al servicio de la oscura historia de una chica que huye de una secta y pasa unos días en casa de su hermana mayor. A caballo entre dos líneas narrativas, Sean Arkin se arma de valor y cuenta una historia pocas veces vista a través de sutiles pinceladas en las que vamos descubriendo la personalidad de Martha, una chica con muchos nombres a la que interpreta con genialidad la más joven de las hermanas Olsen. Algunas de las secuencias, más propias del cine de terror (como aquella en la que el grupo entra en una casa), resultan inquietantes, así como la atmósfera de las secuencias del pasado, que poco a poco va introduciéndose en el cálido hogar de la hermana mayor, hasta llegar a un final radical y abierto, de esos que nos hacen aplaudir a la vez que nos cabreamos porque queremos saber más.

Take Shelter

2. Take Shelter, de Jeff Nichols. La primera obra maestra de este año 2012. Una cinta rotunda sobre los miedos contemporáneos que acechan a un padre de familia al borde de la locura. Las terribles pesadillas que vive el personaje de Michael Shannon (en la mejor interpretación masculina del año) dan paso a una amenaza palpable, cada vez más cercana y real. Jessica Chastain, genial como siempre, da la réplica al personaje de Shannon, en el papel de una mujer que, al igual que el espectador, tendrá que decidir si da crédito o no a las terribles profecías de su marido. Una película perfecta para el colofón apocalíptico que ha tenido esta año 2012, en el que nos hemos empeñado en mirar al exterior para el advenimiento del fin, cuando en realidad lo más temible y siniestro se encuentra en lo cercano y cotidiano de nuestro día a día.

We need to talk about Kevin

1. We need to talk about Kevin (Tenemos que hablar de Kevin), de Lynne Ramsay. La segunda obra maestra del año. Podríamos argumentar los motivos para defender la perfección de esta película citando tan sólo dos nombres, los de sus actores protagonistas, Tilda Swinton y Ezra Miller. La trama narra a través de una estructura arriesgada diferentes momentos en la vida de una familia americana de clase media-alta, alternando aquellos en los que el matrimonio que forman John C. Reilly y Tilda Swinton viven sus sueños de soltería, con aquellos en los que somos testigos del proceso de gestación de un monstruo, un adolescente interpretado con maestría por el inquietante Ezra Miller. La película plantea con objetividad temas espinosos como la responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos y la difícil figura de la madre en la sociedad contemporánea. Es interesante como el final de la película indaga en la sinrazón de algunos actos terribles y difíciles de explicar, incluso para el que los comete. Tilda Swinton construye un rol titánico y no sólo nos regala el mejor personaje femenino del año, sino quizá el más impresionante de la carrera de la actriz, el de una mujer cuya trágica existencia gira en torno al nacimiento de su primer hijo. La dirección de Ramsay es apabullante y las imágenes que crea tienen una fuerza narrativa excepcional. El plano con el que da inicio la película es una buena muestra de ello. La imagen del personaje de Swinton, siendo alzada en volandas en plena batalla de la tomatina de Buñol, bañada en el jugo de un tomate color rojo sangre, tiene una fuerza visual y unas connotaciones simbólicas que perduran (y están presentes) durante todo el metraje.

Promoción fantasma

MENCIONES ESPECIALES: Promoción fantasma, de Javi Ruiz Caldera (por su envidiable reescritura del universo John Hughes); Sinister, de Scott Derrickson (por sus perturbadoras atmósferas y una primera hora perfecta); The girl with de Dragon Tattoo (Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres), de David Fincher (por su genial dirección y el brutal tandem Mara/Craig); Dans la maison (En la casa), de François Ozon (por su guión imposible y un desarrollo narrativo sorprendente); Lo imposible, de J. A. Bayona (por su apabullante complejidad técnica y por lo que ha supuesto para el cine español); [REC]3, de Paco Plaza (por la perfecta mezcla de géneros como el terror, la comedia y las historias de amor); The Grey (Infierno blanco), de Joe Carnahan (por el retorno del director al género y la genial interpretación de Liam Neeson); Young adult, de Jason Reitman (por Charlize Theron, lo mejor de la función); Extraterrestre, de Nacho Vigalondo (por el atrevimiento de contar una historia de ciencia ficción sin apenas recursos).

Lovely Molly

SIN DISTRIBUCIÓN EN ESPAÑA: Lovely Molly, de Eduardo Sánchez (por que es terror en estado puro); The pact, de Nicholas McCarthy (porque demuestra que una película pequeña y con una historia mil veces vista puede meternos en el bolsillo); Maniac, de Franck Khalfoun (por su virtuosismo técnico y su falta de autocensura), Kill list, de Ben Wheatley (por sus actores y su apuesta por contarnos algo diferente); The Hunter, de Daniel Nettheim (por ser una rareza y por sacarle a Willem Dafoe la mejor interpretación de los últimos años).


Listas : Mis diez películas de 2011

enero 3, 2012

¡Ay! ¡Qué ganas de sufrir! Llevo unos días intentando elegir mis diez del año… y me ha costado mucho, lo que es una buena noticia, ya que significa que la cosecha de este año ha sido buena. Esta vez, además de las tradicionales diez películas, he hecho una selección de otras diez, sin orden ni concierto, que bien podía haber incluido en la lista final, ¡llamadme cobarde, pero es mi blog y yo pongo las reglas! Aprovecho, como siempre hago por estas fechas, para desearos un año 2012 lleno de buenos momentos, muchas risas, trabajo y salud. Tengo muchas esperanzas puestas en este 2012 en el que espero rodar No mires ahí, mi próximo cortometraje y terminar el guión de la película que estoy escribiendo con Ángel. También hay otros proyectos en marcha que pintan bastante bien, algunos se harán (no necesariamente en el 2012) y otros caerán en el olvido, pero ahí está la gracia de cada inicio de año, hacer balance del curso anterior y ver por donde va a ir el próximo. Lo que sí tengo claro es que este próximo 2012 va a ser muy bueno para todos, ¡un brindis por este año 2012, mucha suerte amigos! Aquí os dejo mi lista, que como siempre, se basa en mis gustos personales y en las pelis que he visto (por lo que seguro habrá muchas ausencias).

10. Jane Eyre, de Cary Fukunaga. Fascinante adaptación del clásico de Charlotte Brontë por parte del desconocido (para el que esto escribe) Cary Fukunaga. Pocas veces el espíritu romántico ha sido llevado a la gran pantalla con semejante fidelidad. La atmósfera de la película, el dominio de la oscuridad y la presencia de lo fantasmal aproximan el relato a las características plásticas de la novela gótica, sin dejar de lado la crudeza y el realismo que la alejan de otras artificiosas adaptaciones hollywoodienses, más propias del folletín que de la novela romántica. A destacar la interpretación arrolladora de Mia Wasikowska y la presencia de uno de los rostros de la temporada, el camaleónico Michael Fassbender.

9. Mientras duermes, de Jaume Balagueró. La mejor película hasta la fecha del director de terror en activo más exitoso de nuestra cinematografía, viene firmada por Alberto Marini e interpretada por un Luis Tosar que merece volver a ganar el premio Goya al mejor actor. El libreto del argentino es perfecto, minucioso y sin apenas fisuras y encaja a la perfección con esa obsesión por la maldad innata que domina el universo cinematográfico de Jaume Balagueró. El director catalán se aleja del género puro para sumergirse en un thriller con reminiscencias de Roman Polanski. Al igual que en [REC] o en Para entrar a vivir, el edificio en el que trabaja el portero interpretado por Tosar se erige como un protagonista más, un espacio en el que el personaje puede moverse a sus anchas y manipular el bienestar de sus vecinos a su antojo. Balagueró y Marini crean un alegato pesimista y desolador sobre la construcción de la felicidad y lo hacen con un dominio apabullante del suspense: parece imposible olvidar la secuencia en la que Tosar se esconde bajo la cama y el cloroformo cae sobre sus ojos, con el consiguiente intento de no ser descubierto. Tampoco podemos olvidar la secuencia más violenta de toda la película, en la que la descubrimos que cometer un crimen se muestra como una tarea dificultosa y torpe. Lo más interesante de Mientras duermes, más allá de sus virtudes narrativas, es la capacidad que tiene el espectador para empatizar con el portero, es decir, deseamos que no capturen nunca al malo de la película.

8. I saw the devil (Encontré al diablo), de Jee-woon Kim. Otra muestra más de que el cine surcoreano sigue en plena forma es este thriller en el que el ajuste de cuentas vuelve a ser el protagonista de la película. La cinta está protagonizada por dos clásicos del nuevo cine surcoreano, Byung-hun Lee, protagonista de la magistral A bettersweet life (también dirigida por Jee-woon Kim) y Min-sik Choi, el gran Dae-su Oh de Old Boy. En esta ocasión, la película relata un trepidante juego entre el gato y el ratón en el que el espectador olvida cual ha sido el germen de la trama y sobre todo, quien debe vengarse de quien. La película deja de lado cualquier alegato moral y la violencia típica de este tipo de producciones se vuelven más cruenta y salvaje que nunca. I saw the devil plantea un dilema moral a uno de los personajes, ¿merece la pena convertirse en un monstruo para acabar con uno de ellos? El personaje inicia la búsqueda de esta respuesta a través de una cacería humana y lo hace transformándose en una bestia, un diablo que ha olvidado el origen de la venganza.

7. Attack the block, de Joe Cornish. El humor británico y callejero de Misfits pasado por la batidora del revival nostálgico ochentero ha dado como resultado esta comedia de ciencia ficción que se ha convertido en una de las sorpresas del año. La etiqueta de película de culto rodea desde el primer minuto al debut de Joe Cornish, director que procede de la misma escuela televisiva en la que se formó Edgar Wright, con el que ha firmado el guión (ayudados por Stephen Mofat) del Tintín de Steven Spielberg. Los protagonistas, mucho más gamberros que los de la película de J.J. Abrams, tienen que hacer frente a una invasión alienígena en el barrio. La película es un entretenimiento puro de principio a fin y personalmente me recuerda mucho al The Faculty de Robert Rodríguez.

6. The Artist, de Michel Hazanavicius. Quien nos iba a decir que la película que va camino de convertirse en el mayor éxito cinematográfico del año 2011 iba a ser muda, en blanco y negro y francesa. El director dice que tardó más de cinco años en levantar el proyecto y que ningún productor confiaba en la idea de hacer resurgir un género a priori imposible de vender entre el gran público. A Hazanavicius le tomaron por loco, pero los Weinstein vieron un filón en esta historia con ecos de El crepúsculo de los dioses, que cuenta con unas interpretaciones extraordinarias y secuencias de una belleza inolvidable. La película es un ejercicio posmoderno en el que caben referencias a los maestros del mudo (hay mucho Murneau en ella) y el recuerdo nostálgico a la época dorada en la que los actores eran estrellas que dificilmente podían advertir que su luz fuese a apagarse. Mención especial a la escena de las tomas falsas y a la de la persecución en coche a ritmo del tema de amor de Vértigo de Hitchcock.

5. Bridesmaids (La boda de mi mejor amiga), de Paul Feig. Mi comedia del año. La película escrita y protagonizada por la cameleónica Kristen Wiig bajo el sello de Judd Apatow como productor es mucho más que la versión femenina de Resacón en las Vegas (de hecho, la supera en muchos aspectos). Es una película capaz de hacernos reir a carcajadas (¡ese diálogo con el niño la noche de la cita a ciegas o la secuencia en la tienda de vestidos de novia!) y de conmovernos a partes iguales (imposible no identificarse con la relación entre el policía y la Wiig). Bridesmaids es una película protagonizada por mujeres que se aleja mucho del estereotipo de comedia romántica sexista y tontorrona, por lo que es de agradecer que sea tan gamberra y atrevida. Estamos ante una comedia indie que gracias a su horrorosa traducción se vendió muy mal en España: la peli está más cerca de Persiguiendo a Amy que de las correrías de Julia Roberts. Diálogos geniales, guión redondo y casting de altura.

4. Source code (Código fuente), de Duncan Jones. La carrera del director del Moon parece seguir un camino ejemplar. Después de despertar un género que parecía muerto, el de la ciencia ficción espacial, el hijo de David Bowie toma las riendas de este blockbuster con trama trepidante y presupuesto ajustado. La película es un entretemiento fascinante de principio a fin que no deja respiro al espectador y le sorprende en cada uno de los múltiples giros que estructuran la cinta. Jake Gyllenhall ejerce de héroe atrapado en una realidad a la que no pertenece y que debe dominar para evitar una catástrofe. La película, a la que sólo se le puede criticar un final algo previsible, tiene mucho de lo que carece el In time de Andrew Niccol, que pese a su brillante premisa supone una de las decepciones del año para los amantes de la ciencia ficción.

3. Drive, de Nicolas Winding Refn. La película de moda del año es una cinta de acción cuya premisa, a priori, no se aleja demasiado de cualquier exploit de Fast & Furious. La gracia reside en como está narrado este Taxi Driver del nuevo milenio, protagonizado por un samurai de Los Ángeles, parco en palabras, frío y poco comunicativo, que por las mañanas conduce en escenas arriesgadas de Hollywood y por las noches se pone al volante del coche de unos hampones que atracan la ciudad. La atmósfera de la película es fascinante, el uso de la luz (con una insistente paleta de colores, anaranjada y azul, que está presente durante toda la película) y la puesta en escena potencian esa sobriedad del personaje de Ryan Gosling, que realiza una interpretación difícil, en apariencia parca, pero llena de matices. El mundo ordinario del héroe de Drive se ve alterado por la incursión del amor y la violencia, que se entrelazan a mitad de la película a modo de explosión catártica que transforma la película en heredera del cine de venganza surcoreano (la secuencia del ascensor es una clara muestra de ello). Mientras escuchamos una y otra vez la banda sonora y soñamos con tener la chaqueta con el escorpión del protagonista sin nombre, nos damos cuenta de que Drive se va a convertir en muy poco tiempo en una película de culto.

2. Black swan (Cisne negro), de Darren Aronofsky. Como citaba Jordi Costa en su crítica de la película, los personajes de las películas de Aronofsky siempre recurren a la transformación corporal para escapar de sus respectivas realidades: en Pi. Fé en el caos,  el protagonista decidía taladrar su cerebro para huir de la terrible verdad matemática y espiritual que había descubierto; en Requiem por un sueño, el destino del trío protagonista pasaba por someterse a la prostitución y la adicción a las drogas; en El luchador, Mickey Rourke llevaba hasta las últimas consecuencias su condición física para pelear en el cuadrilátero. En Black Swan la transformación es literal, ya que el personaje de Natalie Portman (virtuosa en su papel) se convierte a lo largo de la película en la versión tenebrosa del cisne blanco para el que lleva toda la vida preparándose. La película es un relato aterrador sobre la perfección, que narra la obsesión por alcanzarla a través de la huída de la realidad. La película posee el estilo visual característico del director, que sigue al personaje desde muy cerca, siempre con la cámara en movimiento (durante las coreografías, el operador parece bailar con ella) y una textura granulada y sucia. La dualidad entre el blanco y el negro está presente en toda la puesta en escena, acercando la película a los códigos abstractos del giallo italiano.

1. Melancholia (Melancolía), de Lars Von Trier. La primera parte de la película es extraña, desconcertante y caprichosa. La segunda, a mi parecer, es una obra maestra. El film cuenta el fin del mundo desde dos punto de vista, dos formas de concebir la vida y de aferrarse a ella durante los instantes previos a que ésta se consuma: la de Justine y la de Claire, las hermanas que encarnan Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg. La primera tiene una visión deprimente y triste del universo que la rodea, nada la satisface ni la llena, tan sólo el recuerdo melancólico de lo que fue o de lo que pudo llegar a ser. La segunda es positiva, optimista y en apariencia feliz. La primera parte de la cinta se centra en Justine y narra la boda y el nacimiento de su enfermedad. La segunda parte se coloca en el punto de vista de Claire, que se dedica en cuerpo y alma a cuidar de su hermana, mientras espera junto a su familia a que suceda el acontecimiento astronómico más importante de la historia de la humanidad: el paso cerca de la órbita de la Tierra del planeta Melancolía. La hermana más joven parece dejarse seducir por la influencia de este planeta, que a medida que se acerca parece afectar positivamente a la chica (de un modo casi sexual), aceptando con naturalidad la idea de morir y acabar con su vida. Sin embargo, el personaje de Justine, la hermana mayor, sufre al vislumbrar la posibilidad de que el fin de todo lo que conoce esté próximo. Justine tiene pánico a perder a su familia y su supuesta seguridad se desmorona con la presencia omnipresente del planeta. La película es una lección magistral del comportamiento humano y de las distintas formas de afrontar la muerte y la posibilidad de aceptar el fin. Lars Von Trier recupera la estructura de Anticristo y su particular estilo visual en una película valiente, irregular y única que para el que esto escribe, es la mejor película del año 2011.

Menciones especiales: El origen del planeta de los simios, de Ruper Wyat; La cara oculta, de Andrés BaizPanique au village, de Stephane Aubier y Vincent Patar; Diamond Flash, de Carlos Vermut13 assasins, de Takashi Miike; In Time, de Andrew Niccol; No controles, de Borja Cobeaga; Midnight in Paris, de Woody Allen; Scream 4, de Wes Craven; Super 8, de J.J. Abrams; Paul, de Greg Mottola. A continuación, mis otras diez del año 2011 y que perfectamente podrían haber entrado en la lista de arriba (de hecho, varias las acabo de sacar hace unos minutos, ¡qué duro es esto!)

Another Earth, de Mike Cahill. Pude ver esta película en el festival de Sitges de este año y desde el principio pensé que suponía un complemento muy interesante a los otros dos dramas “planetarios” del 2011, El árbol de la vida y Melancolia. Más allá de coincidencias astronómicas, la película se inscribe en esa nueva tendencia de la ciencia ficción como marco que ya pudimos ver en la irregular Monsters y en la todavía inédita en España, Estraterrestre de Nacho Vigalondo. Lo más interesante para mi es el riesgo de contar una historia muy sencilla en el contexto de una idea muy potente que siempre se presenta como telón de fondo. La interpretación de la actriz y guionista Brit Marling es brillante y destacaría su final arriesgado y ambiguo. No me atrajo demasiado la dirección ni el uso de la cámara, demasiado confusa y poco narrativa.

Never let me go (Nunca me abandones), de Mark Romanek. Adaptación fiel por parte del guionista británico Alex Garland de la fantástica novela de Kazuo Ishiguro. La película consigue transmitir el dilema de unos adolescentes que descubren su trágico destino demasiado pronto, con un guión que sacrifica muchas partes interesantes de la novela pero que economiza el resto a través de unas imágenes poderosas y un casting espectacular. La secuencia con la madame es exactamente igual a como la imaginé tras leer el libro y tan sólo me da algo de lástima que no ahonden un poco más en los conflictos sexuales del personaje de Carey Mulligan.

The tree of life (El árbol de la vida), de Terrence Malick. Poesía visual a cargo del enfant terrible de Hollywood y de su mano derecha, el director de fotografía Emmanuel Lubezki. La película fue una de las más esperadas del año para mí, en su momento me impactó muchísimo y quedé maravillado con la puesta en escena, perfecta, mágica, cada plano es un cuadro perfecto, no hay un sólo encuadre mal planteado. Toda la parte de la infancia me cautivó, pero eché en falta un montaje menos reiterativo y subrayado. Creo que la película comete el error de regodearse una y otra vez en los mismos motivos visuales, provocando un efecto climático demasiado presente durante todo el metraje. Además, no sé si encajo del todo bien el desenlace de la película. Valoro el riesgo de un director que hace una película tan personal y críptica con un presupuesto de tales características, pero como seguidor aférrimo de la filmografía de Malick, echo en falta el lirismo más narrativo de El nuevo mundo, La delgada línea roja o Días de cielo.

Into Eternity, de Michael Madsen. Desconocidísimo documental producido en Finlandia y que pudo verse en la sección Noves Visions del festival de Sitges de 2010. La película es uno de esos milagros que logran estrenarse en las salas españolas entre la marabunta de producciones norteamericanas. La temática es la siguiente: en Onkalo, una pequeña población finlandesa, se está construyendo el mayor cementerio de residuos radiactivos de la historia. La megalómana construcción finalizará a principios del año 2100 y el objetivo es que los residuos de todo el país queden sellados en una cámara para toda la eternidad. El planteamiento narrativo de la película es muy original, ya que la cinta está estructura a modo de mensaje de advertencia a los espectadores del futuro y abre el debate sobre si es posible evitar que dentro de algunos siglos (o milenios) se abra la caja de Pandora radiactiva. El documental, además de poseer una factura impecable, cuenta con esa gracia exótica de las producciones puramente nórdicas. Nos encontramos, ni más ni menos, ante un documental experimental y de ciencia ficción aderezado con música de Kraftwerk. Casi nada.

El hombre de al lado, de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Merecería la pena pagar la entrada del cine sólo por asistir a esta lección de interpretación que nos regala el argentino Daniel Aráoz. El duelo interpretativo que se marca con su compañero de reparto, el también fantástico Rafael Spregelburd, es la mejor baza de esta joya que llegó respaldada por el premio a la mejor fotografía en el festival de Sundance. El conflicto entre dos vecinos enfrentados por la construcción de una ventana, le sirve al dúo de directores para estructurar un relato que gira en torno a la falsedad de algunos elementos de esta sociedad que alzan orgullosos el banderín de la honradez, la educación y el buen hacer. Un retrato demoledor sobre las apariencias y los prejuicios que va más allá de la típica crítica sobre la lucha de clases. El espacio en el que se desarrolla la historia, la única casa construida por el arquitecto Le Corbusier en Sudamérica, se erige como un personaje y sirve de marco de acción para toda la película.  A descubrir.

Carnage (Un dios salvaje), de Roman Polanski. Parece que el encierro forzado de Polanski ha despertado su creatividad, ya que sus dos últimas películas vuelan por encima de su anterior etapa protagonizada por películas como Oliver Twist, El pianista o La novena puerta, muy alejadas en lo que a calidad se refiere de los orígenes del director de La semilla del diablo. Carnage cuenta con un reparto coral, un guión férreo, unas interpretaciones de altura, una planificación de libro (no sobra un sólo plano, el montaje es perfecto) y un único espacio en el que se desarrolla la acción. Me fascina la evolución de los personajes en una película narrada en tiempo real y como Polanski juega con los prejuicios y la máxima de lo políticamente correcto.

La piel que habito, de Pedro Almodovar. Para todos los que creían que el cine de Almodovar no sería capaz de ampliar sus horizontes temáticos, La piel que habito ha supuesto un shock en la filmografía del director manchego. Pese a que la temática no se aleje demasiado de su sello kitsch y exótico, la película supone un giro hacia el género que ha dado como resultado una de las películas más sorprendentes y extrañas del año. La película es una puesta al día de Los ojos sin rostro, la obra maestra de Georges Franju y posee un aura de melodrama bizarro que aproxima el cine de David Cronenberg al Vértigo de Alfred Hitchcock. Inclasificable.

The last exorcism (El último exorcismo), de Daniel Stamm. A medio camino entre el mockumentary, la comedia y el terror, esta rareza llegó a estrenarse con algo de retraso en nuestro país después de su exitoso paso por el festival de Sitges. La película se cimenta en el descubrimiento de Aslhey Bell, la niña endemoniada que pone en jaque a un equipo de cine y a un farsante que se enfrenta a su último exorcismo. La película consigue aterrorizar en algunos momentos muy en la línea de [REC], que se convierte en su mayor referente, junto a Lake Mungo, otra joya del falso documental de género.  La película no encajó del todo bien entre los aficionados y creo que se debe a un final efectista y muy alejado del tono  gemeral de la película, que hace que dudes durante toda la proyección si la niña esté endemoniada o no. Por el momento hay secuela en marcha.

Secuestrados, de Miguel Ángel Vivas. Impresionante thriller de Vivas que fracasó injustamente en la taquilla nacional, pero que tuvo un gran reconocimiento internacional. Secuestrados es terrorífica no por la crudeza de sus imágenes (por ahí asoman Gaspar Noe y Haneke) sino por la sensación de pesadilla real que posee la puesta en escena. La apuesta formal es realmente sorprendente, ya que la película está compuesta por una docena de planos secuencia planificados con maestría. La cámara en continuo movimiento y que sigue casi siempre al actor en largos movimientos de steady, hace que el espectador tenga la sensación de ser uno más de esa familia que sufre un asalto nocturno en una casa a las afueras de Madrid. Sino fuera por el Mientras duermes de Jaume Balagueró, para mí sería la película de género española del año. El director prepara en estos momentos su tercera película y yo ya tengo ganas de verla.

Winter’s bone, de Debra Granik. Una adolescente que se ve obligada a crecer demasiado rápido para salvar a su familia emprende la búsqueda de su padre desaparecido. Me cuesta mucho ponerle pegas a este thriller ambientado en la misma América profunda en la que parecen enmarcarse Un plan perfecto o Fargo. Me gustan mucho las películas de búsqueda y ésta es ejemplar a la hora de adoptar los códigos de las road movies. La película tiene muchas secuencias difíciles de olvidar en la retina, como la que sucede en el lago o el primer encuentro de la protagonista con su tío. Lo mejor de la función, sin lugar a dudas, es Jennifer Lawrence, que realiza una interpretación sobria, contenida y brillante. Mujeres que controlan el cotarro, vecinos gansteriles que visten botas de nieve y camisas de cuadros y frío, mucho frío. Peliculón.


Listas: Mis diez películas de 2010

enero 9, 2011

Quiero aprovechar la primera entrada del 2011 para felicitaros a todos el nuevo año  (y la década) y rescatar la tradición bloguera de hacer una lista de las 10 mejores películas del año 2010. Ha llovido mucho desde esta entrada en el antiguo blog. En los últimos 365 días han pasado muchas cosas, malas, buenas y muy buenas. Desde el punto de vista profesional, para mi ha sido el año de Juan con miedo, pero también el año en el que se han fraguado muchos proyectos que espero vean la luz en 2011. Os deseo a todos un año de exitosos proyectos y sobre todo, de triunfos personales. Aquí va mi lista. Como siempre se basa en las películas que han sido estrenadas en cines. Faltan muchas (hay grandes lagunas porque que no he podido ver tantas como hubiese querido), siempre es realmente difícil.

10. Exit through the gift shop, de Banksy. Nos estamos acostumbrando a ver falsos documentales en los que desde el principio el espectador es consciente de que está ante un fake. Lo genial de la película del graffitero más popular del momento es que la duda sobre la veracidad de lo que te están contando, pese a que se aporten pruebas gráficas (y aparentemente verídicas, como la portada del disco de Madonna), está en tela de juicio desde que el protagonista de la película cambia su vocación de documentalista por la de artista contemporáneo.

9. Io sono l’amore, de Luca Guadagnino. Casi más extraño que esta película es el hecho de que Quentin Tarantino la haya incluido en su lista de las diez mejores películas del 2010 (dejando de lado las cintas premiadas en el festival de Venecia, donde era jurado). La película de Guadagnino es pura belleza visual, con remanentes del cine de Hitchcock (la sombra de Vértigo es alargada) y del cine italiano de los grandes maestros. Tilda Swinton está inmensa y pese a ser londinense, parece haberse criado en el seno de una familia italiana de alta cuna. Muy recomendable.

8. Fish tank, de Andrea Arnold. El personaje de Katie Jarvis es mucho más que una choni de los suburbios de Londres. Su personaje encarna todo lo bueno y lo malo de una adolescente impulsiva y con ganas de triunfar. La película tiene un par de secuencias memorables, como aquella en la que Michael Fassbender acaba seduciendo a la chica y sobre todo el momento en el que la protagonista decide llevar a cabo su venganza. En el apartado visual, Andrea Arnold demuestra que sabe mover la cámara sin que parezca cine Dogma.

7. Two lovers, de James Gray. Demonizado por el público y amado por la crítica, al cine de James Gray le cuesta llegar a las salas de nuestro país. Con un Joachin Phoenix en estado de gracia y una rescatada Gwyneth Paltrow como ejes principales de un triángulo amoroso imposible, la película despunta por su tratamiento poco habitual del romanticismo, más apegado al mundo real que al hollywoodiense.

6. Toy Story 3, de Lee Unkrich. Es raro que Pixar no cuele todos los años una película en este tipo de rankings. En esta ocasión, la palma (que algún día será de oro) se la ha llevado la tercera parte de las aventuras de Woody, Buzz y compañía. Es imposible quedarse con una de las tres partes, ya que las tres películas son complementarias y forman parte de una saga perfecta que no podía terminar de otro modo. El guión es soberbio y a estas alturas, ya no debería sorprendernos que uno sufra tanto o más con estos personajes de plástico y goma como si fuesen de carne y hueso.

5. Buried, de Rodrigo Cortés. Rodar en apenas tres semanas una película en la que el protagonista está encerrado en un ataúd y salir airoso parece una utopía, pero es real. Cortés demuestra con Buried no sólo que tiene un dominio de la técnica y la planificación asombroso, sino que en España se pueden levantar este tipo de productos, protagonizados por estrellas de Hollywood y con vocación internacional, con poco dinero y mucho ingenio. Sin lugar a dudas, Buried es la película española del año y una gran carta de presentación para el cine español en todo el mundo.

4. El escritor, de Roman Polanski. Resulta paradójico que ahora que está en buena forma el director polaco pase su peor momento personal. Más allá de juicios de falsa moral, 2010 ha sido el año del resurgimiento de Polanski al olimpo de los directores que saben contar historias con maestría. La historia de este escritor que se ve involucrado en una trama de espionaje internacional (si el día del estreno nos cuentan lo de Julian Assange no nos lo creemos) está llena de suspense del bueno, de buenas interpretaciones y de secuencias magistrales, como la de la fuga en el ferry.

3. La red social, de David Fincher. Esta película tendría todas las papeletas de convertirse en una película de culto si no fuese porque va a arrasar en la próxima gala de los Oscar. Dentro de un par de años no va a molar nada decir que La red social es lo que es, una obra maestra que refleja un momento concreto de nuestro tiempo, del mismo modo que Fincher retrató la desazón de la sociedad norteamericana a finales de los 90 en El club de la lucha. Muy similar a la brillante Zodiac en su estructura, La red social cuenta con la interpretación del año, la de un Jesse Eisenberg titánico al que no olvidaremos jamás en esa imagen solitaria pulsando F5.

2. Un profeta, de Jacques Audiard. Una de las propuestas más viscerales y perfectas del año. Además de su pericia en el aspecto formal, la película de Audiard asume el reto de realizar un retrato aterrador y para nada idealizado sobre la realidad en las cárceles francesas. La película se aleja de la mitificación del gangster para mostrar las miserias de un personaje protagonizado por un inolvidable Tahar Rahim, al que el peso de la culpa no le abandona durante toda la película.

1. Canino, de Giorgos Lanthimos. La mejor película del año 2010 para el que esto escribe es una marcianada difícil de digerir, impactante en su desarrollo e innovadora en su contenido. La política del miedo que tan bien reflejó Shyamalan en El bosque se manifiesta aquí en esta película en su vertiente más salvaje y realista. Extrañamente divertida y perturbadora, la película consigue que el espectador sonría a la vez que se retuerce en la silla. Una obra destinada a recordarse durante años y que gracias a los milagros de la distribución, pudo estrenarse en salas en España.