El secreto de El secreto de sus ojos

Que El secreto de sus ojos es una de las mejores películas del año pasado es algo incontestable, aunque servidor la haya descubierto tarde y en DVD. La película es una delicia para los amantes del thriller clásico, una historia melodramática que navega entre la comedia, el drama y el suspense con verdadera maestría. A mi la película me recordó, en cierto modo, a las grandes Zodiac de David Fincher y a Memories of murder de John Boon-ho, pero a la argentina. Las tres películas tienen algo en común, en ambas la resolución del crimen es el hilo conductor para el reflejo de una época determinada. Además, las tres películas presentan un dominio de la narrativa audiovisual impresionante. Aunque la película de Juan José Campanella sea quizá la más conservadora de las tres (también es la única en la que se resuelve el misterio), la película presenta alguna que otra apuesta visual fuera de lo común. El director usa angulaciones extrañas y rebuscadas, un juego de puntos de vista con el que pone al espectador en la posición de un mirón mediante el uso de primeros términos exagerados, un voyeur que quiere mirar siempre por encima del hombro de los personajes para enterarse de lo que está pasando (de ahí que una vez llegado el final, se nos cierre la puerta en las narices de forma literal). La película fue galardonada con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa del año, aunque ha sido objeto de debate desde su estreno. Primero, por la (desconocida) polémica desatada en Argentina, su país de origen (aunque Gerardo Herrero también ande por ahí), donde algunos sectores la han demonizado por considerarla una película americana disfrazada de albiceleste (¿les suena esto de algo?) y segundo, por el delirio técnico de su famoso plano secuencia. Creo que estamos de acuerdo en que el uso del plano secuencia está algo sobrevalorado. Lo habitual es que hoy en día se parezcan más a los que aparecen en esta película que a este, aunque en El secreto de sus ojos el uso del famoso plano sin cortes está narrativamente justificado. La verdad es que es difícil para el espectador darse cuenta de donde se encuentra el empalme entre el plano real y el CGI, porque lo último en lo que estás pensando cuando ves la película es en saber dondo está el truco. El plano le otorga un ritmo frenético a la narración y coincide justo con la mitad de la película y el salto a un  poco habitual tercer acto que dura casi una hora. Si quieren conservar la magia de la secuencia no pinchen aquí ni aquí y mantengan intacto el secreto de El secreto de sus ojos.

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