No me considero melómano y tampoco tengo formación musical. El otro día mi amigo Polo Menárguez y yo hablábamos de la forma en la que nos comunicábamos con nuestros músicos a la hora de trabajar en la banda sonora de un proyecto. Polo comentaba que entregaba a su compositor un montaje con una banda sonora de referencia y que incluso, en alguna ocasión, había compuesto él mismo una banda sonora provisional con el objetivo de transmitir al músico sus intenciones, para posteriormente darle total libertad para trabajar (¡qué envidia!). Siempre he disfrutado muchísimo el proceso de creación musical. Lo disfruto desde la barrera, pero creo que después de mucho esfuerzo, he conseguido trasmitir a Ginés Carrión, con mis conocimientos limitados, lo que quería. Un buen músico (como Ginés) puede salvarte el culo cuando una secuencia ha quedado floja de ritmo o cuando no has conseguido transmitir visualmente (o a través de la dirección de actores) lo que querías. En el género en el que me muevo, la música cobra vital importancia, ya que desde mi punto de vista, tiene un poder evocador mucho mayor. La música es un generador de atmósferas increíble y aunque es difícil encontrar un equilibrio musical (a veces pecamos de incluir demasiada música), el director debe saber donde y cuanto incluirla. Como dije al principio, mis conocimientos musicales son muy limitados, pero disfruto de las bandas sonoras cinematográficas como el que más. De un tiempo a esta parte (quizá mi cuenta Premium en Spotify tiene algo que ver), me gusta escribir y planificar con bandas sonoras. He pasado de Bernard Hermman a James Newton Howard. De Michael Giaccino a Jerry Goldsmith. De Trent Reznor a John Williams. Me distraigo con mucha facilidad, por lo que es de agradecer que la música, además de inspiradora, ayude a concentrarme. Eso sí, hay dos bandas sonoras que en los últimos días estoy desgastando como si el mundo fuera a irse mañana al garete: The assassination of Jasse James by the coward Robert Ford, de Nick Cave y Warren Ellis; y Extremely Loud and Incredibly Close, del gran Alexandre Desplat. Las dos bandas sonoras, además de poner música a dos películas que todavía no he visto, son obras maestras. ¡Se aceptan sugerencias!

Escrito por Daniel Romero